CMP 2014

CMP 2014
Mostrando entradas con la etiqueta Paciente alto riesgo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paciente alto riesgo. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de octubre de 2018

Guías de Tokio 2018 (TG18) sobre el manejo de la colecistitis aguda


Grado I (leve): no cumple criterios de grado II o III / colecistitis en paciente sano sin disfunción orgánica, lo que hace la colecistectomía segura y de bajo riesgo.

Grado II (moderada): Colecistitis con alguno de los siguientes
-        Leucos > 18.000
-        Masa palpable y dolorosa en hipocondrio derecho
-        Síntomas de > 72 horas
-        Inflamación local acentuada (colecistitis gangrenosa, absceso pericolecístico, absceso hepático, peritonitis biliar, colecistitis enfisematosa)

Grado III (severa): Colecistitis con alguno de los siguientes
-        Disfunción cardiovascular (dopa ≥5 mcg/kg/min o nora a cualquier dosis)
-        Disfunción neurológica (↓ nivel de conciencia)
-        Disfunción respiratoria (PAFI <300)
-        Disfunción renal (oliguria, creatinina >2 mg/dl)
-        Disfunción hepática (INR > 1,5) (Bilirrubina ≥2)
-        Disfunción hematológica (Plaquetas < 100.000)

En TG18 lo que está en negrita se considera factores de riesgo de mortalidad por lo que si el paciente lo presenta lo ideal es realizar primero drenaje (leer más abajo). Por otra parte la disfunción CV y la RNL son consideradas de buen pronóstico y que responden bien al tratamiento de soporte por lo que no contraindican la cirugía precoz

TG18 Propone el siguiente tratamiento quirúrgico

- Grado I y grado II Se usa Charlson ≥ 6 y ASA ≥ 3 como factores de riesgo quirúrgico elevado, en estos casos iniciar tratamiento de soporte, y retrasar la colecistectomía. Si Charlson < 6 y ASA < 3; colecistectomía precoz. Recordar que en el grado II es importante la experiencia del cirujano.

- Grado III si hay alguno de los siguientes factores de riesgo: 1) Disfunción neurológica, 2) disfunción respiratoria o 3) Bilirrubina ≥ 2; realizar drenaje percutáneo. Si no hay ninguno de los anteriores pero Charlson ≥ 4 o ASA ≥ 3, también ir a drenaje primero. Si los factores de riesgo son negativos y Charlson < 4 y ASA < 3 y además cirujano experimentado, se podría hacer colecistectomía precoz.

Mientras se considera la cirugía poner antibióticos, fluidoterapia, tratar hipoxemia, alteraciones hemodinámicas y corregir alteraciones electrolíticas.

No hay consenso de cuando operar la vesícula después de hacer drenaje.


Mori Y, Itoi T, Baron TH, Takada T, Strasberg SM, Pitt HA, Ukai T, Shikata S, Noguchi Y, Teoh AY, Kim MH. Tokyo Guidelines 2018: management strategies for gallbladder drainage in patients with acute cholecystitis (with videos). Journal of Hepato‐biliary‐pancreatic Sciences. 2018 Jan;25(1):87-95

lunes, 8 de octubre de 2018

Infarto agudo de miocardio perioperatorio (actualización)

El infarto agudo de miocardio (IAM) se define cómo el evento clínico que resulta en la muerte de miocitos cardíacos (necrosis miocárdica) y es causado por isquemia (pero no por otras etiologías como miocarditis o trauma).

Lesión miocárdica después de cirugía no cardiaca (LMCNC) es un término más amplio que IAM, y se define como lesión miocárdica que puede resultar en la necrosis de miocitos cardiacos en los primeros 30 días posteriores a cirugía no cardiaca de etiología isquémica y que es relevante desde el punto de vista pronóstico.

LMCNC incluye al IAM (tanto sintomático cómo asintomático) y pacientes con elevaciones postoperatorias de troponina pero que no tienen síntomas, ni otros criterios diagnósticos de IAM (descritos más adelante). Es importante tener en cuenta que para definir LMCNC se debería tener medición basal de troponina preoperatoria, ya que un porcentaje de pacientes pueden tener valores de troponina preoperatorios elevados. En estos casos algunos autores sugieren una elevación de la troponina postoperatoria de 85% o más sobre el valor basal. También debemos saber que aproximadamente un 10% de las elevaciones de la troponina postoperatoria no se deben a isquemia miocárdica.

Incidencia:
La elevación de troponina tras cirugía no cardiaca ocurre en aproximadamente el 20% de los pacientes. El estudio VISION encontró una incidencia de LMCNC del 8% y de este grupo el 41,8% cumplía criterios de IAM.
En el postoperatorio no existe un umbral claro de los valores de troponina postoperatoria, pareciendo ser más importante el cambio con respecto a la troponina preoperatoria que un valor absoluto. Por otra parte los valores pico de troponina postoperatoria se suele alcanzar en las primeras 48 horas, por lo que se recomienda realizar mediciones seriadas (ver más adelante).

La fisiopatología se encuentra muy debatida. Aunque el desequilibrio del aporte/demanda de Oen un paciente con estenosis coronaria fija (por hipotensión, hipertensión, taquicardia) se ha planteado durante mucho tiempo como la causa de la mayoría de los IAM perioperatorios, sin embargo la evidencia que soporta esta teoría es bastante débil.
Por otra parte, la rotura de una placa de ateroma parece jugar un rol primordial en el desarrollo del IAM perioperatorio, ya que alrededor del 50% de los pacientes en este escenario tienen evidencia de rotura de placa.

Predicción del riesgo de IAM perioperatorio:
El índice de Lee (ya descrito en la entrada de identificación del paciente quirúrgico de alto riesgo), es la escala más estudiada y validada, además de ser fácil y rápida de realizar.

Índice revisado de Lee
1. Enfermedad coronaria isquémica: Infarto previo, angina de pecho en la actualidad, tratamiento con nitratos, prueba de esfuerzo positiva. (Pacientes con stent o bypass sin infarto previo y actualmente asintomáticos, no entran en esta categoría)
2. Insuficiencia cardiaca congestiva
3. Enfermedad cerebrovascular (Ictus o AIT)
4. DM insulinodependiente
5. Enfermedad renal crónica (creatinina > 2 mg/dl o aclaramiento < 60 ml/min/1.73 m2)
6. Cirugía de alto riesgo cardiaco (> 5% de probabilidad de complicaciones cardiovasculares)
Riesgo de muerte cardiaca, infarto de miocardio no fatal y parada cardiaca no fatal:
0 puntos = 0,4%, 1 punto = 0,9%, 2 puntos = 6,6%, ≥3 puntos = > 11%


En el POISE-2 se encontraron los siguientes predictores independientes de IAM perioperatorio:
Preoperatorios:
- Historia de enfermedad coronaria
- Enfermedad arterial periférica
- ICC (Insuficiencia cardiaca)
- TFG < 60 ml/min/1,73m2
- Edad ≥ 75 años
Intraoperatorios y postoperatorios:
- Hipotensión importante
- Sangrado importante: hemorragia perioperatoria mayor, definida como la necesidad de recibir 4 o más concentrados de hematíes

Diagnóstico:
Debido a la influencia de agentes anestésicos, analgésicos e hipnóticos los síntomas normalmente se encuentran disminuidos o ausentes. En el POISE  el 65% de los pacientes con IAM no experimentaron síntomas isquémicos. Todos los pacientes con síntomas sugestivos de isquemia miocárdica se les debe realizar un EKG de 12 derivaciones y seriar al menos 2 o 3 mediciones de troponinas.

En el contexto de una cirugía no cardiaca el diagnóstico de IAM se confirma con un biomarcador elevado (usualmente troponina) con al menos uno de los siguientes
- Síntomas de isquemia
- Cambios significativos del segmento ST, onda T o bloqueo de rama izquierda no conocidos previamente
- Desarrollo de ondas Q patológicas en el electrocardiograma (EKG)
- Evidencia de nueva imagen de pérdida de miocardio viable o de alteración regional de la motilidad de las paredes miocárdicas
- Identificación de trombo coronario mediante angiografía o autopsia

Si existe elevación de troponina postoperatoria (en relación a la basal) y no se cumple alguno de los criterios anteriores debemos hablar de LMCNC, siempre y cuando se descarte que elevación de la troponina sea de una causa no cardiaca (por ejemplo: sepsis, diabetes, insuficiencia renal, hemorragia subaracnoidea, embolismo pulmonar)

Troponina:
Su uso de rutina en el perioperatorio es controvertido. Algunos expertos sugieren seriar troponinas en el perioperatorio de pacientes con ≥ 1 punto en el índice de Lee y que se intervengan de cirugía que requiera al menos 1 día de hospitalización. Este seriado consiste en obtener troponinas en:
- preoperatorio (valor basal) y en el postoperatorio: a las 6, 12, 24. 48 y 72 horas (6 mediciones en total).

EKG:
Se debe realizar EKG de 12 derivaciones a todo paciente con síntomas sugestivos de isquemia miocárdica. Su uso rutinario es controvertido, estando sugerido por algunos autores el realizar un EKG postoperatorio a todos los pacientes de alto riesgo (Lee ≥ 1).

Tratamiento del IAM perioperatorio:
El tratamiento óptimo no se conoce, debido a la escasez de evidencia al respecto. Por tanto la recomendación es individualizar el tratamiento basado en el mecanismo del IAM, los riesgos de la terapia y las comorbilidades del paciente.

Terapia inicial general en IAM o LMCNC:
Medidas no farmacológicas: Identificar y tratar posibles desbalances de aporte/demanda de oxígeno
- Hipoxemia
- Anemia,
- Hipotermia,
- Dolor,
- HTA
- Taquicardia
- Hipovolemia
Medidas farmacológicas:
- Atorvastatina 40-80 mg/24 horas VO
- Ácido acetilsalicílico (AAS) 81-325 mg cuando el riesgo de sangrado posquirúrgico sea aceptable.
- El inicio de betabloqueantes en pacientes con LMCNC debe tomar en cuenta el riesgo de hipotensión sobre todos en los 3 primeros días del postoperatorio. Metoprolol 200 mg/24 horas VO. Iniciar con 50 mg cada 6 horas y luego 100 mg/12 horas

Terapia específica del IAM perioperatorio:

Síndrome coronario agudo con elevación del ST (SCACEST): La recomendación es la realización de intervención percutánea coronaria (cateterismo) previa discusión multidisciplinar (anestesiólogo, cardiólogo, cirujano, paciente y familiares) de los riesgos y beneficios, teniendo en cuenta sobre todo el riesgo de sangrado según el tipo de cirugía realizada. Si se implanta un stent añadir un bloqueador del receptor P2Y12 (clopidogrel). Se recomienda el inicio de betabloqueantes teniendo en cuenta el riesgo de hipotensión.

Síndrome coronario agudo sin elevación del ST (SCASEST): La fisiopatología del SCASEST no se conoce completamente: Algunos pacientes tienen rotura de placa de ateroma y otros tiene desequilibrio del aporte/demanda de O2, en estos últimos no todos tienen obstrucción fija de arteria coronaria, como en el caso de los pacientes con hipertrofia ventricular izquierda por estenosis aórtica severa.
En pacientes hemodinamicamente inestables o con isquemia recurrente, se recomienda angiografía coronaria urgente. La decisión de revascularizar e iniciar doble terapia antiagregante (añadir el clopidogrel) debe ser valorada de forma multidisciplinar.
En pacientes estables y sin isquemia recurrente, La angiografía puede esperar a que el riesgo de sangrado haya disminuido o se pueden realizar pruebas de estrés. La introducción de betabloqueantes es controvertida con algunos autores sugiriendo hacerlo en todos los pacientes otros solo en aquellos con HTA no tratada, taquicardia importante o riesgo de FA, y otros que sugieren esperar al día 2 o 3 postoperatorio para disminuir el riesgo de hipotensión.

Pronóstico:
La mortalidad del IAM perioperatorio se encuentra entre el 5 y el 25%, teniendo peor pronóstico que el IAM no perioperatorio. En el POISE la mortalidad encontrada fue del 11,6%. Además la elevación de troponina postoperatoria se asocia a mayor mortalidad por cualquier causa en los 30 días consecutivos a cirugía mayor como encontró el estudio VISION.

La elevación de troponina cumpliendo o no los criterios de IAM no solo predice un incremento de riesgo a corto plazo sino también es indicador de enfermedad grave subyacente con significancia a largo plazo. A pesar de todo esto el beneficio del screening rutinario no ha sido establecido.


Jesús M. Nieves Alonso

miércoles, 12 de julio de 2017

Identificación preoperatoria del paciente quirúrgico de alto riesgo

Sesión realizada por: Antonio Planas Roca

Se define cómo cirugía mayor aquella que precisa al menos 24 horas de ingreso hospitalario. Hoy en día a nivel mundial se realizan aproximadamente 100 millones de cirugías mayores al año. De esas 1 millón se realiza en España.

El estudio EUSOS de 2012 demostró que la mortalidad por cualquier causa en los 30 días posteriores a una cirugía mayor no cardiaca es del 4%. Lo que implica que en el mundo  cada año 4 millones de personas fallecen en los primeros 30 días posteriores a una cirugía mayor. En España esta cifra es de alrededor de 40.000 personas.

En la última década el número de intervenciones quirúrgicas han aumentado un 17%, además la complejidad de los pacientes que se intervienen también ha aumentado. Este crecimiento no parece que se vaya a detener, es decir, en el futuro cada vez más personas pasarán por un quirófano y cada vez pacientes de mayor edad y con más comorbilidad.

Si comparamos esto números con los accidentes de carretera, en 2015 el número de víctimas fatales en España fue de 1.126. Esta cifra ha descendido sensiblemente desde el récord de 5.940 fallecidos en el año 1989, gracias a la campaña de prevención y concienciación por parte del Gobierno.

Es hora de tomar conciencia de la mortalidad asociada a la cirugía mayor, y para hacerlo es imprescindible reconocer a los pacientes con más riesgo.

Las guías europeas de 2014 del paciente cardiológico que se interviene de cirugía no cardiaca, estiman que hasta un 45% la mortalidad perioperatoria se debe a complicaciones cardiovasculares, en pacientes con historia de cardiopatía isquémica y/o disfunción ventricular izquierda o que presentan estas comorbilidades de forma asintomática, y que se les realiza procedimientos que generan estrés hemodinámico y cardiaco.

Nuestro objetivo actual y a futuro debe ser el poder identificar a estos pacientes de alto riesgo y realizar optimización perioperatoria multidisciplinar entre anestesiólogos, cirujanos, cardiólogos, internistas y geriatras con el objetivo de disminuir la morbimortalidad de este grupo.

A día de hoy la herramienta más usada y estudiada para la detección del paciente cardiológico es el " Revised Cardiac Risk Index" o "Índice de Lee" (ver tabla) el cual mediante 5 preguntas + el tipo de cirugía obtiene un número entre 0 y 6, denominando a un paciente de alto riesgo aquel que tiene 2 o más puntos. En las guías europeas de 2014 comentadas arriba su uso tiene una recomendación IB.

Índice revisado de Lee
1. Enfermedad coronaria isquémica: Infarto previo, angina de pecho en la actualidad, tratamiento con nitratos, prueba de esfuerzo positiva. (Pacientes con stent o bypass sin infarto previo y actualmente asintomáticos, no entran en esta categoría)
2. Insuficiencia cardiaca congestiva
3. Enfermedad cerebrovascular (Ictus o AIT)
4. DM insulinodependiente
5. Enfermedad renal crónica (creatinina > 2 mg/dl o aclaramiento < 60 ml/min/1.73 m2)
6. Cirugía de alto riesgo cardiaco (> 5% de probabilidad de complicaciones cardiovasculares)
Riesgo de muerte cardiaca, infarto de miocardio no fatal y parada cardiaca no fatal:
0 puntos = 0,4%, 1 punto = 0,9%, 2 puntos = 6,6%, ≥3 puntos = > 11%

Otra herramienta que va ganando adeptos para reconocer a los pacientes de alto riesgo es la cuantificación perioperatoria del NT-proBNP, cómo marcador de la función del ventrículo izquierdo.

En 2016 C. Álvarez y cols. Publica un estudio de cohortes realizado en nuestro Hospital donde relacionan los valores postoperatorios de NT-proBNP con la mortalidad en cirugía mayor no cardiaca, encontrando que la mortalidad a 30 días era de 0,6% cuando el NT-proBNP era menor de 300 pg/ml, del 3,8% cuando se encontraba entre 300-1000 pg/ml y del 13,2% cuando era mayor de 1000 pg/ml. Además al compararlo con el índice de Lee, encontraron que NT-proBNP era mejor predictor de la aparición de complicaciones cardiovasculares.

Aunque las guías de de 2014 consideran que los biomarcadores (donde se incluye el NT-proBNP) pueden ser útiles para el pronóstico en pacientes con una capacidad funcional < 4 METS o con un índice de Lee > 1 en cirugía vascular y > 2 en cirugía no vascular, la recomendación que dan es débil (IIb-B).

Este año se han publicado las guías de la Sociedad cardiovascular Canadiense para el manejo perioperatorio del paciente cardiológico en cirugía no cardiaca. En ellas hacen una recomendación fuerte con moderado nivel de evidencia a favor de solicitar NT-proBNP para mejorar la estimación del riesgo cardiaco en pacientes:
   a) Mayores de 65 años
   b) Entre 45 y 65 años con enfermedad cardiovascular significativa
   c) Índice de Lee mayor igual a 1

Los biomarcadores como el NT-proBNP pueden ser una herramienta objetiva y coste efectiva para identificar a aquellos pacientes que tienen riesgo elevado de morbimortalidad cardiaca en el perioperatorio de cirugía mayor de manera de poder tomar medidas adecuadas en sus cuidados perioperatorios (de forma multidisciplinar) para disminuir esta morbimortalidad.

Descarga las diapositivas

jueves, 27 de febrero de 2014

Charla:
¿Qué es un paciente demasiado enfermo para ser anestesiado y qué significado tiene en 2014?
PRO: Todo puede ser anestesiado
           
            Es tan sencilla la respuesta a esta pregunta que su justificación resulta cuanto menos compleja. Podemos plantearnos la respuesta desde dos perspectivas diferentes; la primera, debo anestesiar a un paciente que está demasiado enfermo para ser anestesiado?. Y la segunda, disponemos de los conocimientos y los medios hoy en día para anestesiar a cualquier paciente?.
            Lo que es evidente y está claramente demostrado es que cada día el número de intervenciones quirúrgicas es mayor y estas se realizan en pacientes mucho más complejos. Esto hace que tengamos que ser conscientes de que cada día con más frecuencia nos enfrentaremos a esta situación y debemos tener los conocimientos necesarios para justificar cualquier tipo de actuación que realicemos.



            A la hora de responder al primer planteamiento partimos con varios problemas de base. El primero de ellos es de que actualmente seguimos careciendo de criterios adecuados para la estratificación del riesgo anestésico. Son varias las escalas de riesgo utilizadas de manera rutinaria como el ASA, POSSUM, Índice de Charlson, etc. Pero todas ellas tienen una serie de limitaciones y ninguna de ellas predice el riesgo a nivel individual con lo que las inhabilita para ser utilizadas como justificación para no anestesiar a un paciente. El segundo problema al que nos enfrentamos es que los resultados de mortalidad relacionada con la anestesia son muy dispares, a pesar de que existe un consenso de que esta a descendido de manera evidente. Esta disparidad en cuanto a la mortalidad se debe a las diferentes metodologías utilizadas fundamentalmente en la definición del periodo intraoperatorio y en los criterios de inclusión de la población a estudio. El problema podría radicar en que la carencia de escalas de riesgo adecuadas junto con una mortalidad relacionada con la anestesia no muy bien establecida podría hacer que basásemos nuestra decisión en criterios subjetivos más que en criterios objetivos.
            Lo que es evidente es que en la actualidad no disponemos de ninguna herramienta (escalas de riesgo) que justifique el no anestesiar a un paciente por estar demasiado enfermo, y que estas herramientas deben ser utilizadas para clasificar al paciente con el objetivo final de facilitar la toma de decisiones durante el intraoperatorio.
            En cuanto al segundo planteamiento lo que resulta innegable es que todavía existe mortalidad relacionada con la anestesia y que esta es mayor cuanto más grave está el enfermo. Una revisión reciente publicada en Lancet mostraba que la mortalidad en pacientes con ASA de 1 a 3 era inferior al 1%, con ASA 4 estaba en torno al 6% y ASA 5 se disparaba hasta el 27%. Pero primero es importante saber que aquí esta incluida la mortalidad tanto de los países desarrollados como los que están en vía de desarrollo, donde se sabe que la mortalidad es hasta tres veces superior. Y segundo plantearse si en estos estudios donde se recoge la morbilidad y mortalidad se ponían en práctica todas las medidas y conocimientos para reducirlas. Porque de las causas de mortalidad más frecuentemente relacionadas con la anestesia, como son las relacionadas con vía aérea y ventilación, cardiovascular, las relacionadas con fármacos y las relacionadas con los equipos, en casi un 50 % de ellas el manejo no es el adecuado. Esto lleva a la conclusión de que al menos los conocimientos de los que disponemos no siempre son llevados a la práctica clínica diaria y que posiblemente podamos reducir la mortalidad relacionada con la anestesia.
            Hoy en día se conocen multitud de medidas que disminuyen el riesgo anestésico. Medidas preoperatorias como el cese de tabaco y alcohol, uso de betabloqueantes y estatinas en pacientes seleccionados, estabilización de la enfermedad crónica de base, optimización de la función cardiopulmonar preoperatoria e incluso optimización hemodinámica preoperatoria en pacientes de alto riesgo, entre otras. A nivel intraoperatorio medidas como el simple checklist quirúrgico, medidas de prevención de infección quirúrgica, el control de la glucemia y la temperatura, la monitorización hemodinámica, la ventilación de protección, un control analgésico intra y posoperatorio adecuado, la anestesia locoregional, protocolos transfusionales, medidas antieméticas y protocolo para el manejo de complicaciones intraoperatorias, así como unos cuidados postoperatorios en el lugar adecuado e individualizados. Sin embargo, todas estas medidas has sido demostradas a nivel individual y no hay estudios a día de hoy que evalúen la morbi-mortalidad relacionada con la anestesia aplicando lo que debería ser el “standard of care”, es decir aplicando todas las medidas que han demostrado una reducción de la morbi-mortalidad.

            Podemos concluir que, a pesar de que la mortalidad en pacientes de alto riesgo es más elevada como no podía ser de otra manera, hoy en día disponemos de los conocimientos y herramientas necesarias para realizar un manejo anestésico con garantías en pacientes de alto riesgo.


Entrada realizada por: Carlos Ferrando Ortolá

domingo, 2 de febrero de 2014

Taller:

Arte y ciencia: la anestesia y el manejo perioperatorio en el paciente anciano de riesgo elevado y polimedicado

             El anciano ha recorrido un largo camino pero generalmente tiene un proyecto que imprime sentido a su vida. La primera regla para que las cosas vayan bien es “luchar por mejorar la calidad de vida del anciano proporcionando los medios que necesite y estén a nuestro alcance”. Se debe huir de la actitud pasiva de “no vale la pena” o “posiblemente ya no lo disfrute”, porque dicha actitud es el primer paso para que las cosas vayan mal.

            Anestesiar al anciano no es un problema, es un reto, y, una oportunidad de poner en práctica todo lo aprendido. Se necesita tener conocimientos, empatía, respeto a la vida y a la muerte  y auto-motivación para crear un plan anestésico que permita hacer fácil lo difícil, poniendo todo el empeño en lo que se hace.
           Respecto a la prevención cuaternaria en torno a la anestesia en el anciano, se debe contextualizar el riesgo debido a la fragilidad, la comorbilidad, la complejidad de la cirugía y anestesia, y decidir los cuidados perioperatorios  que debemos proporcionar, para así evitar las complicaciones y contribuir a disminuir el gasto publico.

            El anciano solo debe ir al quirófano si va a ganar calidad y cantidad de vida; se debe balancear el beneficio frente al riesgo de la cirugía, estimando el riesgo dependiente del paciente, de la agresividad quirúrgica y de los cuidados que podemos proporcionar.
            La revisión de indicadores perioperatorios destacan los siguientes aspectos de mejora:
1-      Identificar y prevenir los factores de riesgo de presentar complicaciones:
a.       la agresividad quirúrgica:
 i.      siempre que sea posible se debe realizar la cirugía percutánea, endoscópica o endovascular en lugar de la cirugía abierta
b.      el mal estado funcional del paciente:
i. la fragilidad (disminuye la reserva fisiológica, y predispone a complicacionesante el estrés quirúrgico; se identifica por: perdida de peso, agotamiento, fuerza de prensión débil, velocidad de la marcha muy lenta, y baja actividad física).
 ii. la falta de independencia para las actividades de la vida diaria,
 iii. la falta de movilidad (< 4 METS),
 iv. la desnutrición (perdida reciente de peso o hipoalbuminemia),
v. el nº de comorbilidades graves (cardio-pulmonares, demencia, enfermedad renal y anemia),
 vi. clase ASA IV,
vii.  polifarmacia y
viii. riesgo alto de isquemia o de enfermedad tromboembólica.
c.       del plan anestésico y de los cuidados perioperatorios
2-      La cirugía urgente por fractura de cadera, laparotomía o disección de aneurisma de aorta en el anciano, multiplican de 2 a 4 veces la mortalidad  asociada a la cirugía electiva. Son cirugías de alto riesgo en pacientes frágiles, cuya evolución postoperatoria podría mejorar aumentando los cuidados intra y perioperatorios. 
3-      La demora quirúrgica en la fractura de cadera, aumenta las complicaciones, sin que se haya demostrado que demorar la cirugía para tratar las enfermedades descompensadas, aumente la supervivencia y el número de pacientes que retornan al nivel de independencia previo. Por eso se recomienda que simultáneamente se traten las enfermedades y se fije la fractura, utilizando el plan anestésico y quirúrgico más adaptado a la situación  y,  con los cuidados perioperatorios que se necesiten, en lugar de tratarlos consecutivamente.
4-      Se debe protocolizar si mantener, suspender o sustituir los fármacos cardiovasculares, los antiagregantes y los anticoagulantes, tras valorar los riesgos del paciente y de la anestesia y cirugía, para disminuir los episodios de hipotensión, bradicardia, edema, delirio, hemorragia y trombosis.
5-      Para disminuir la tasa de delirio postoperatorio se deben monitorizar el BIS y la Saturación cerebral de oxígeno y, evitar: los opioides (la petidina), las benzodiacepinas, las dihidropiridinas, y los antagonistas de la histamina; en caso necesario, el fármaco sedante más seguro es la dexmedetomidina.   
6-      La anestesia regional parece tener menor repercusión cognitiva e interacciones que la anestesia general, y ambas se deben administrar junto a una analgesia multimodal, que incluya bloqueos de nervio periférico y evite el tramadol.
7-      Las fracturas, y la cirugía provocan hemorragia, hipovolemia, y anemia y sus complicaciones, para evitarlas se debe:
a.Pronosticar el riesgo cardio-renal: determinando el NT proBNP
b.Anticiparnos a la anemia con precursores hematínicos y eritropoyetina,
c. Prevenir la hemorragia con ácido tranexámico
d.Monitorizar la hemorragia y sus consecuencias (Saturación cerebral de oxígeno, confusión, isquemia cardiaca, oliguria)  
e.Reponer la volemia, y la oxigenación tisular con oxigenoterapia, fluidoterapia por objetivos.
f.Transfundir concentrados de hematíes, plaquetas y/o derivados plasmáticos por objetivos
8-      Entre los factores que pueden disminuir el riesgo de complicaciones perioperatorias destacan:
a. Disminuir la fragilidad con entrenamiento físico y nutrición,
b. Favorecer la técnica quirúrgica menos invasiva
c. Proporcionar el tipo de anestesia, cuidados anestésicos y analgesia multimodal que más favorezcan a la fisiología del anciano
d. Monitorizar para proporcionar una terapia por objetivos
                           i. Mantener la presión arterial media por encima de 60-65 mmHg,
                              ii. Mantener el BIS ≥ 60 con anestesia general y,  ≥ 80 con sedación
                                 iii. Mantener la saturación cerebral de oxígeno al menos  ≥ 50%  y no ≤ de un 20% de la basal
e. intensificar los cuidados perioperatorios y
f. la rehabilitación postoperatoria.
            La satisfacción del anciano y del anestesiólogo, va a depender de la distancia entre las expectativas que se espera lograr con la cirugía y anestesia, frente a las que se logran. El verdadero reto es evaluar las necesidades y, distribuir los recursos proporcionando más cuidados perioperatorios a quien más los necesita, sin aumentar los costes, ni desmotivar a los profesionales.

No declaro conflicto de intereses

Bibliografía:

1-Griffiths et al. Guidelines: Peri-operative care of the elderly 2014. Association of Anaesthetists of great Britain and Ireland. Anaesthesia 2014; 69 (Suppl 1): 81-98
2- Keays RT. The ageing patient- sans everything? Anaesthesia 2014; 69 (Suppl 1): 3-7
3-Partridge J S L. The impact of preoperative comprehensive geriatric assessment on postoperative outcomes in older patients undergoing scheduled surgery: a systematic review. Anaesthesia 2014; 69 (Suppl 1):8-16
4-Preoperative comorbidity and postoperative survival in the elderly: beyond one lunar orbit. Anaesthesia 2014; 69 (Suppl 1):17-25
5-Hubbard RE. Patient frailty: the elephant in the operating room. Anaesthesia 2014; 69 (Suppl 1):26-34
6- Strom C. Should general anaesthesia be avoided in the elderly? Anaesthesia 2014; 69 (Suppl 1):35-44
7-White SM. Ethical and legal aspects of anaesthesia for the elderly. Anaesthesia 2014; 69 (Suppl 1):45-53
8-Schofield PA. The assessment and management of perioperative pain in older adults. Anaesthesia 2014; 69 (Suppl 1):54-60
9- Peden CJ et al. National research strategies: what outcomes are important in peri-operative elderly care? Anaesthesia 2014; 69 (Suppl 1):61-69
10-Stoneman M et al. Emergency surgery: the big three: abdominal aortic aneurism, laparotomy and hip fracture. Anaesthesia 2014; 69 (Suppl 1):70-80

Entrada realizada por: Mº Concepción Cassinello Ogea

lunes, 27 de enero de 2014

Taller:

Las 4 reglas originales  que permiten manejar al paciente cardiópata  de alto riesgo para cirugía  mayor no cardiaca 


             Para todo en la vida puede haber cuatro reglas , ¿por qué no para el abordaje de pacientes tan complejos como los cardiológicos de alto riesgo?

            Durante las últimas décadas el mundo de la anestesiología y las investigaciones respecto al manejo perioperatorio  se centraron en la valoración del riesgo perioperatorio , sobre todo para decidir que paciente  no era candidato , o para “optimizar” preoperatoriamente  a estos pacientes .

            Esto ha cambiado en los últimos años , poniéndose el foco mucho más en el manejo intraoperatorio y en las primeras horas del postoperatorio  . La mayoría de los pacientes de alto riesgo están bien estudiados y tratados para su patología crónica o reagudizada por nuestros compañeros cardiólogos , nefrólogos o internistas .

            Lo que necesitan es un plan , una estrategia , para evitar complicaciones perioperatorias , ya que esas complicaciones en estos pacientes no solo aumentan la estancia o la mortalidad a corto plazo, también lo hacen a largo plazo .

            Sin embargo esa estrategia es compleja dada la miscelánea de situaciones cardiológicas que pueden llevar a la insuficiencia cardiaca ( isquemia cardiaca , valvulopatías , miocardiopatías …)  , la interrelación del corazón con otros órganos , sobre todo con el riñón , y su influencia en el contexto perioperatorio,  el diferente abordaje en función del origen de la insuficiencia sistólica o diastólica, o del estado hemodinámico (hipertensión, normotensión, o hipotensión) entre otras muchas variables y situaciones .

            Si sabemos que un porcentaje significativo de nuestros pacientes son ancianos y eso significa un  aumento de los pacientes con posibles disfunciones cardiacas,  también sabemos que la situación más frecuente será la hipotensión  con gasto cardiaco bajo e hipovolemia en pacientes con disfunción diastólica .

             Comenzamos a saber y a estar de acuerdo en que la monitorización y la fluidoterapia por objetivos es el standard , sobre todo en estos pacientes cardiológicos de alto riesgo .

            Por último los avances cardiológicos implican una serie de terapias novedosas que obligan a un abordaje multidisciplinar para evitar complicaciones (pacientes con DAI, con asistencias ventriculares etc...) .
            Basados en todo lo anterior hemos elaborado las cuatro reglas, desarrolladas cada una de ellas en otras cuatro a su vez al estilo de cajas rusas, simplemente como  excusa para el desarrollo de un caso clínico de alta simulación, durante el Curso de Medicina Perioperatoria, que nos permita compartir estas ideas con vosotros .

Las cuatro reglas son  :


 1.  Valora el riesgo para tomar decisiones perioperatorias no cardiológicas : anticipar es ganar

  • El paciente de alto riesgo cardiológico suele estar muy bien estudiado y mal valorado perioperatoriamente .
  •   Planifica y valora si mantener la medicación cardiológica habitual , lo mejor es enemigo de lo bueno: Evita los IECA el dia de la cirugía  y Ojo, ojito con los betabloqueantes .
  •  Aunque tu ojo clínico es la clave ayúdate con una escala (te recomendamos la NYHA ) o un proBNP preoperatorio,  te pueden ayudar a tomar decisiones. También la troponina puede ser útil.
  • Ante la duda, con stents,  mantén la antiagregación, al insistimos).


2. Tu estrategia debe estar basada en la fisiología no sólo en la evidencia


  • Tu enemiga principal sobre todas las cosas es la hipotensión : NO LA TOLERES
  • La taquicardia no es amiga pero en ocasiones puede ser una necesaria compañía . Gc = FC x VS
  • Recuerda aunque sea obvio: la función cardiaca depende primero de la precarga , casi paralelamente de la postcarga, luego de la frecuencia cardiaca, más tarde de la contractilidad .
  • Colocarse en el estrecho margen que separa los dos abismos del edema y el fracaso renal en estos pacientes supone la diferencia entre los buenos y malos resultados .

3. Como no es fácil emplea la tecnología a tu disposición , estás en el siglo XXI .

  •  Monitoriza, monitoriza, monitoriza, entendiendo lo que haces, no te líes.
  •  La fluidoterapia es la piedra angular sobre la que se edifica el manejo perioperatorio de estos pacientes: dar lo necesario es trascendente.
  • Usa sin miedo inotrópicos y aminas: si piensas en ellos porque las cifras de tensión o de gasto cardiaco están muy bajas: ponlos .
  •   La terapia por objetivos perioperatoria es el standard en el paciente  de alto riesgo, sobre todo cardiológico.


4. Las situaciones complejas manéjalas con humildad: si eso consulta el Google o pide ayuda



  •  Si el paciente  tiene un DAI: ten a mano un imán o un cardiólogo.
  • Si tiene una valvulopatía: repásala en dos minutos. Es fácil : suele ser evitar taquicardia y vasodilatación.
  • Si tiene una cardiopatía congénita, una asistencia mecánica, es trasplantado reciente etc... Quizás necesitarás algo de ayuda.
  •  El abordaje multidisciplinar y ordenado  de las situaciones complejas (Ej : infarto postoperatorio con shock cardiogénico) mejora los resultados .
Bibliografia  Recomendada y muy recomendable  :









 11. Management of cardiac patients for non- cardiac surgery *Olav F. Münter Sellevold, Roar Stenseth Anaesthesiology Intensive Therapy, 2011,XLIII,2; 93-101 


Entrada realizada por: Fernando Ramasco, Esperanza Mata, Diana Parrado, Raquel Rojas, Rosa Méndez